sábado, 26 de octubre de 2013

HA RESUCITADO


        LES INFORMAMOS QUE HA FALLECIDO

NUESTRA HERMANA SOR MARÍA ASUNCIÓN TORRALBA FERNÁNDEZ DE GAMBOA, DOMINICA CONTEMPLATIVA
En el Convento de Santa Cruz
Vitoria-Gasteiz

A LOS 90 AÑOS DE EDAD y 56 AÑOS DE VIDA RELIGIOSA

EL FUNERAL Y EXHUMACIÓN SERÁ EL DÍA 26 DE OCTUBRE A LAS 
12 DEL MEDIODÍA
en nuestra Iglesia conventual, en Pintorería, 96,  que se abrirá por este motivo para todos los que quieran acompañarnos.

“Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Ellos no son del mundo, como Yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: Tu palabra es Verdad.”(Jn, 17,13a 16s)

miércoles, 23 de octubre de 2013

AUDIENCIA GENERAL Miércoles 23 de octubre de 2013


Plaza de San Pedro
Queridos hermanos y hermanas:
En la catequesis de hoy, y siguiendo el Concilio Vaticano II, quiero reflexionar sobre María como modelo «de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la unión perfecta con Cristo».

Ella es modelo de fe, no sólo porque como hebrea esperaba al redentor, y con su sí se adhiere al proyecto de Dios, sino porque desde ese momento su vida se centra en Jesús. 

Además lo hace desde la cotidianeidad de una mujer humilde que, sin embargo, vive inmersa en el misterio, y su sí, ya perfecto desde el inicio, crece hasta la cruz, en la que su maternidad abraza a todos. Y es modelo de caridad, como vemos en la Visitación, pues ella no sólo  ayuda a su prima, sino que le lleva a Cristo, la perfecta alegría que viene del Espíritu y se manifiesta en un amor oblativo. Es modelo también de unión con Cristo, sea en su tarea cotidiana, sea en el camino de la cruz, hasta unirse a Él en el martirio del corazón.
Y ahora preguntémonos: ¿cómo nos interpela la figura de María? ¿la vemos lejana? ¿acudimos a ella en la prueba? ¿somos capaces, como ella, de amar dándonos totalmente? ¿nos sentimos unidos a Jesús, según su ejemplo, en una relación constante o sólo nos acordamos de Él en la necesidad?

Saludos
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Argentina, Costa Rica, México, Panamá, Venezuela, Paraguay, Chile y los demás países latinoamericanos. Invito a todos a pedir al Señor su gracia, de modo que amemos cada vez más a María, Madre de la Iglesia. Gracias.

martes, 22 de octubre de 2013

Los 100 metros de la fe

El Vaticano acogió el domingo una prueba atlética, los 100 metros de carrera y fe. La iniciativa, organizada por el Pontificio Consejo de la Cultura y el Centro Deportivo Italiano, pretendía subrayar importancia del deporte como bien cultural, educativo y espiritual y llamar la atención de los diversos componentes del mundo católico sobre el papel formativo que puede asumir el deporte en la catequesis cristiana.

Este domingo, la Vía de la Conciliación y la Plaza de San Pedro se convirtieron en una inesperada pista de atletismo en la que se corrieron los 100 metros de carrera y de fe. El evento, organizado por el Pontificio Consejo de la Cultura y el Centro Deportivo Italiano y enmarcado dentro del Año de la fe, contó con la presencia de numerosas familias, seminaristas, escolares y peregrinos que, antes del tradicional rezo del Ángelus, disputaron la prueba atlética intercambiándose el testigo.

La iniciativa está basada, según reconoció el Pontificio Consejo de la Cultura en un comunicado, en la Carta a los Corintios de San Pablo donde se describe «una carrera ideal en la que la fe se pasa de generación en generación y el cristiano compite para conquistar una corona incorruptible», reconoce el PCC. Otro objetivo que se ha pretendido subrayar es la importancia del deporte como bien cultural, educativo y espiritual y llamar la atención de los diversos componentes del mundo católico sobre el papel formativo que puede asumir el deporte en la catequesis cristiana.

La carrera
Cada participante recorrió una distancia de 100 metros, comenzando en la Vía de la Conciliación y terminando en la Plaza de San Pedro, justo enfrente del Vaticano.
En la Vía de la Conciliación se instaló una pista de cuatro calles de 100 metros de longitud. En la Plaza de San Pedro, un palco saludaba a los participantes y animaba el encuentro con entrevistas, documentales y lectura de textos sobre el deporte. La llama olímpica quedó encendida al lado del palco durante todo el evento.

Los 100 metros de carrera y fe reunió a unas 5.000 personas que se fueron alternando durante tres horas, desde las 8:30 hasta las 12:00 llevando, como explicó el Pontificio Consejo para la Cultura, «un mensaje de fe y esperanza». Entre los participantes se encontraba la jugadora de tenis Mary Santangelo; el ex atleta británico, Jason Gardener -Medalla de Oro de relevos en las Olimpiadas de Atenas 2004-; el corredor Ulderico Lambertucci; y Andrea Bartalo, hijo del mítico ciclista Gino Bartali, ganador de tres Giros de Italia y dos Tours de Francia.

Este lunes 21 sigue el encuentro entre deporte y fe con el seminario Creyentes en el mundo del deporte, que analizará las relaciones entre deporte y fe y en el que participan distintos deportistas de élite y responsables de las asociaciones deportivas católicas.


lunes, 21 de octubre de 2013

ANGELUS DEL SANTO PADRE FRANCISCO


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!,
en el Evangelio de hoy Jesús cuenta una parábola sobre la necesidad de rezar siempre, sin cansarse. La protagonista es una viuda que, a fuerza de suplicar a un juez deshonesto, consigue que él la haga justicia. Y Jesús concluye: si la viuda consiguió convencer a aquel juez, ¿queréis que Dios no nos escuche, si lo rezamos con insistencia? La expresión de Jesús es muy fuerte: "Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar? (Lc 18, 7)

"Gritar día y noche" ¡hacia Dios! Nos toca esta imagen de la oración. Pero preguntémonos: ¿por qué Dios quiere esto? ¿Él no conoce ya nuestras necesidades? ¿Qué sentido tiene "insistir" con Dios?

Esta es una buena pregunta, que nos hace profundizar en un aspecto muy importante de la fe: Dios nos invita a rezar con insistencia no porque no sabe qué necesitamos, o porque no nos escucha. Al contrario, Él escucha siempre y conoce todo de nosotros, con amor. En nuestro camino cotidiano, especialmente en las dificultades, en la lucha contra el mal fuera y dentro de nosotros, el Señor no está lejos, está a nuestro lado; nosotros luchamos con Él al lado, y nuestra arma es precisamente la oración, que nos hace sentir su presencia junto a nosotros, su misericordia y también su ayuda. Pero la lucha contra el mal es dura y larga, requiere paciencia y resistencia - como Moisés, que debía tener los brazos alzados para hacer vencer a su pueblo (cfr Ex 17, 8-13) Y así: hay una lucha que llevar adelante cada día; pero Dios es nuestro aliado, la fe en Él es nuestra fuerza y la oración es la expresión de esta fe. Por eso Jesús nos asegura la victoria, pero nos pregunta: "Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?" (Lc 18, 8) Si se apaga la fe, se apaga la oración y nosotros caminamos en la oscuridad, nos perdemos en el camino de la vida.

Aprendamos por tanto de la viuda del Evangelio a rezar siempre, sin cansarnos. Era buena esta viuda, sabía luchar por sus hijos, y pienso en tantas mujeres que luchan por su familia, que rezan, que no se cansan nunca. Un recuerdo hoy todos nosotros a estas mujeres que con su actitud nos dan un verdadero testimonio de bien, de valentía, de poder de la oración. Un recuerdo a ellas. Luchar, rezar siempre ¡Pero no para convencer al Señor a fuerza de palabras! ¡Él sabe mejor que nosotros qué necesitamos! Más bien la oración perseverante es expresión de la fe en un Dios que nos llama a combatir con Él, cada día, en cada momento, para vencer al mal con el bien.

Después de la oración del Ángelus, el santo padre ha dirigido a los presentes estas palabras:

¡Queridos hermanos y hermanas!

Hoy celebramos la Jornada Mundial Misionera. ¿Cuál es la misión de la Iglesia?. Difundir en el mundo la llama de la fe, que Jesús ha encendido en el mundo: la fe en Dios que es Padre, Amor, Misericordia. El método de la misión cristiana no es el proselitismo, sino el de la llama compartida que calienta el alma. Doy gracias a todos los que con la oración y la ayuda concreta apoyan la obra misionera, en particular la preocupación del obispo de Roma para la difusión del Evangelio. En esta Jornada estamos cerca a todos los misioneros y las misioneras, que trabajan mucho sin hacer ruido y dan la vida. Como la italiana Afra Martinelli, que ha trabajado  durante mucho años en Nigeria: hace algunos días fue asesinada, por robo; todos han llorado, cristianos y musulmanes. La querían mucho. Ella ha anunciado el Evangelio con la vida, con la obra que ha realizado, un centro de instrucción; así ha difundido la llama de la fe, ¡ha combatido la buena batalla! Pensemos en esta hermana nuestra y le saludamos con un aplauso, todos.

Pienso también en Stefano Sándor, que ayer fue proclamado beato en Budapest. Era un salesiano laico, ejemplar en el servicio a los jóvenes, en el oratorio y en la instrucción profesional. Cuando el régimen comunista cerró todas las obras católicas, afrontó las persecuciones con valentía, y fue asesinado a los 39 años. Nos unimos a la acción de gracias de la Familia salesiana y de la iglesia húngara.

Deseo expresar mi cercanía a la población de Filipinas afectada por un fuerte terremoto, y os invito a reza por esa querida nació, que recientemente ha sufrido distintas calamidades. Saludo con afecto a todos los peregrinos presentes, comenzando por los jóvenes que dan dado vida  a la manifestación "100 metros de carrera y de fe, promovida por el Consejo Pontificio de la Cultura. ¡Gracias, porque nos recordáis que el creyente es un atleta del espíritu! ¡Muchas gracias!

Acojo con alegría a los fieles de la diócesis de Bologna y de Cesena-Sarsina, guiados por el cardenal Caffarra y del obispo Regattieri; como también a los de Corrientes de Argentina y de Maracaibo y Barinas de Venezuela. Hoy en Argentina se celebra el día de la madre. Dirijo un saludos a las madres de mi tierra.
Saludo al grupo de oración "Raio de Luz", de Brasil; y las Fraternidades de la Orden Secular Trinitaria.
Las parroquias y  las asociaciones italianas son muchas, no puedo nombrarlas, ¡pero saludo y doy las gracias a todos con afecto!

¡Feliz domingo! ¡Hasta pronto! ¡Buen provecho!

domingo, 20 de octubre de 2013

“Solo soy un instrumento de Dios para servir a los demás”


Más de 2.000 mujeres y niñas que han vuelto del infierno de una vida de esclavitud con la temida guerrilla ugandesa del LRA, en el noreste del Congo, han encontrado acogida, cuidados psicológicos y formación gracias a la hermana Angélique Namaika, perteneciente a una congregación agustina de la Diócesis de Dungu. El 30 de septiembre, esta religiosa de 46 años recibió el Premio Nansen, un galardón con el que el ACNUR (la agencia de la ONU para los refugiados) premia a alguna personalidad que se ha distinguido por su labor en favor de las víctimas de los conflictos armados.

Hablamos por teléfono mientras ella se encuentra en París, la última etapa de su gira europea que la ha llevado a Ginebra, Bruselas y Roma, donde se ha encontrado con un sinfín de personalidades públicas, incluido al papa Francisco, para que la comunidad internacional no se olvide de este conflicto al que otras crisis mundiales que gozan de mayor publicidad hacen sombra.

PREGUNTA.- La violencia del LRA tiene una historia de más de dos décadas y, en el Congo, llevan ya desde 2005. ¿Qué habría que hacer para terminar con este problema?

RESPUESTA.- Creo que es cuestión de que cada persona que puede hacer algo intente hacer lo mejor que pueda su trabajo, a pesar de las dificultades. Si todos nos damos a los demás y trabajamos por la paz, estoy convencida de que esta llegará. Yo pongo mi pequeña parte, que es animar y ayudar a las mujeres que son víctimas de esta situación para que tengan la fuerza de voluntad para superar sus problemas, y otros pueden ofrecer otras aportaciones. Nosotras ya hemos conseguido rehabilitar a 2.000 de ellas.

P.- ¿Cuál fue su reacción cuando le comunicaron que le iban a dar el Premio Nansen?

R.- Fue una enorme sorpresa. Ni siquiera había oído hablar nunca de ese galardón. Cuando me lo dijeron, lo primero que pensé es que aún tengo un enorme trabajo enfrente de mí y que solo puedo hacerlo gracias al Señor que me da la fuerza, porque la verdad es que muchas veces me he encontrado muy sola. Pensé también en las mujeres víctimas del LRA con las que me encuentro todos los días, a las que siempre digo que recen para que Dios les ayude a reconstruir sus vidas. Yo no soy importante, soy solo un instrumento de Dios para servir a los demás, y pienso que este premio no es para mí, sino para las mujeres del Congo que han sufrido tanto y que luchan por salir adelante.

P.- ¿Qué piensa del papel de la mujer en la Iglesia?

R.- A las mujeres Dios nos ha dado una responsabilidad muy grande: la de ser portadoras de vida y acompañar esa vida, aunque sea frágil, hasta el fin. A mí, en Dungu, me llaman “madre”, y me gusta que me llamen así. Las mujeres en la Iglesia tenemos que estar al lado de quienes sufren más, y si lo hacemos por amor, Dios no nos abandonará. Yo cuando hago mi trabajo no espero nada a cambio.

miércoles, 16 de octubre de 2013

AUDIENCIA GENERAL PAPA FRANCISCO,Miércoles 16 de octubre de 2013


Plaza de San Pedro
Queridos hermanos y hermanas:

En el Credo decimos que la Iglesia es «apostólica», expresando así el profundo vínculo que tiene con los Doce Apóstoles, a los que Jesús llamó para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar. «Apóstol» es una palabra griega que significa «mandado», «enviado». Y aplicada a la Iglesia, puede tener tres significados. En primer lugar, la Iglesia es apostólica porque está edificada sobre el cimiento de los Apóstoles, sobre su testimonio y sobre la autoridad que Cristo mismo les ha dado. En segundo lugar, la Iglesia es apostólica porque  «guarda y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella, la enseñanza, el buen depósito, las sanas palabras oídas a los Apóstoles», conserva el precioso tesoro de la Sagrada Escritura, los Sacramentos que nos permiten ser fieles a Cristo y participar de su misma vida. 

Y, en tercer lugar, la Iglesia es apostólica porque en ella pervive el mandato misionero que el Señor confió a sus Apóstoles. La Iglesia continúa en la historia la tarea de llevar el Evangelio a todo el mundo.

Saludos
Dirijo un cordial saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Argentina, México y los demás países latinoamericanos. Invito a todos a ser testigos de Cristo Resucitado y a anunciar el Evangelio a todas las personas, en comunión con los Obispos, sucesores de los Apóstoles. Muchas gracias


lunes, 14 de octubre de 2013

PARA LA JORNADA MARIANA CON OCASIÓN DEL AÑO DE LA FE (HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO)


Plaza de San Pedro
Domingo 13 de octubre de 2013

 En el Salmo hemos recitado: “Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas” (Sal 97,1).
Hoy nos encontramos ante una de esas maravillas del Señor: ¡María! Una criatura humilde y débil como nosotros, elegida para ser Madre de Dios, Madre de su Creador.  Precisamente mirando a María a la luz de las lecturas que hemos escuchado, me gustaría reflexionar con ustedes sobre tres puntos: Primero, Dios nos sorprende; segundo, Dios nos pide fidelidad; tercero, Dios es nuestra fuerza.

1. El primero: Dios nos sorprende. La historia de Naamán, jefe del ejército del rey de Aram, es llamativa: para curarse de la lepra se presenta ante el profeta de Dios, Eliseo, que no practica ritos mágicos, ni le pide cosas extraordinarias, sino únicamente fiarse de Dios y lavarse en el agua del río; y no en uno de los grandes ríos de Damasco, sino en el pequeño Jordán. Es un requerimiento que deja a Naamán perplejo y también sorprendido: ¿qué Dios es este que pide una cosa tan simple? Decide marcharse, pero después da el paso, se baña en el Jordán e inmediatamente queda curado (cf. 2 R 5,1-14). Dios nos sorprende; precisamente en la pobreza, en la debilidad, en la humildad es donde se manifiesta y nos da su amor que nos salva, nos cura, nos da fuerza. Sólo pide que sigamos su palabra y nos fiemos de él.
Ésta es también la experiencia de la Virgen María: ante el anuncio del Ángel, no oculta su asombro. Es el asombro de ver que Dios, para hacerse hombre, la ha elegido precisamente a Ella, una sencilla muchacha de Nazaret, que no vive en los palacios del poder y de la riqueza, que no ha hecho cosas extraordinarias, pero que está abierta a Dios, se fía de él, aunque no lo comprenda del todo: “He aquí la esclava el Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). Es su respuesta. Dios nos sorprende siempre, rompe nuestros esquemas, pone en crisis nuestros proyectos, y nos dice: Fíate de mí, no tengas miedo, déjate sorprender, sal de ti mismo y sígueme.
Preguntémonos hoy todos nosotros si tenemos miedo de lo que el Señor pudiera pedirnos o de lo que nos está pidiendo. ¿Me dejo sorprender por Dios, como hizo María, o me cierro en mis seguridades, seguridades materiales, seguridades intelectuales, seguridades ideológicas, seguridades de mis proyectos? ¿Dejo entrar a Dios verdaderamente en mi vida? ¿Cómo le respondo?

2. En la lectura de San Pablo que hemos escuchado, el Apóstol se dirige a su discípulo Timoteo diciéndole: Acuérdate de Jesucristo; si perseveramos con él, reinaremos con él (cf. 2 Tm 2,8-13). Éste es el segundo punto: acordarse siempre de Cristo, la memoria de Jesucristo, y esto es perseverar en la fe: Dios nos sorprende con su amor, pero nos pide que le sigamos fielmente. Nosotros podemos convertirnos en «no fieles», pero él no puede, él es «el fiel», y nos pide a nosotros la misma fidelidad. Pensemos cuántas veces nos hemos entusiasmado con una cosa, con un proyecto, con una tarea, pero después, ante las primeras dificultades, hemos tirado la toalla. Y esto, desgraciadamente, sucede también con nuestras opciones fundamentales, como el matrimonio. La dificultad de ser constantes, de ser fieles a las decisiones tomadas, a los compromisos asumidos. A menudo es fácil decir “sí”, pero después no se consigue repetir este “sí” cada día. No se consigue ser fieles.
María ha dicho su “sí” a Dios, un “sí” que ha cambiado su humilde existencia de Nazaret, pero no ha sido el único, más bien ha sido el primero de otros muchos “sí” pronunciados en su corazón tanto en sus momentos gozosos como en los dolorosos; todos estos “sí” culminaron en el pronunciado bajo la Cruz. Hoy, aquí hay muchas madres; piensen hasta qué punto ha llegado la fidelidad de María a Dios: hasta ver a su Hijo único en la Cruz. La mujer fiel, de pie, destrozada por dentro, pero fiel y fuerte.
Y yo me pregunto: ¿Soy un cristiano a ratos o soy siempre cristiano? La cultura de lo provisional, de lo relativo entra también en la vida de fe. Dios nos pide que le seamos fieles cada día, en las cosas ordinarias, y añade que, a pesar de que a veces no somos fieles, él siempre es fiel y con su misericordia no se cansa de tendernos la mano para levantarnos, para animarnos a retomar el camino, a volver a él y confesarle nuestra debilidad para que él nos dé su fuerza. Y este es el camino definitivo: siempre con el Señor, también en nuestras debilidades, también en nuestros pecados. no ir jamás por el camino de lo provisional. Esto nos mata. La fe es fidelidad definitiva, como la de María.

3. El último punto: Dios es nuestra fuerza. Pienso en los diez leprosos del Evangelio curados por Jesús: salen a su encuentro, se detienen a lo lejos y le dicen a gritos: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros” (Lc 17,13). Están enfermos, necesitados de amor y de fuerza, y buscan a alguien que los cure. Y Jesús responde liberándolos a todos de su enfermedad. Llama la atención, sin embargo, que solamente uno regrese alabando a Dios a grandes gritos y dando gracias. Jesús mismo lo indica: diez han dado gritos para alcanzar la curación y uno solo ha vuelto a dar gracias a Dios a gritos y reconocer que en él está nuestra fuerza. Saber agradecer, saber alabar al Señor por lo que hace por nosotros.
Miremos a María: después de la Anunciación, lo primero que hace es un gesto de caridad hacia su anciana pariente Isabel; y las primeras palabras que pronuncia son: “Proclama mi alma la grandeza del Señor”, es decir, un cántico de alabanza y de acción de gracias a Dios no sólo por lo que ha hecho en Ella, sino por lo que ha hecho en toda la historia de salvación. Todo es don suyo; Si podemos entender que todo es don de Dios, ¡cuánta felicidad habrá en nuestro corazón! él es nuestra fuerza. Decir gracias es tan fácil, y sin embargo tan difícil. ¿Cuántas veces nos decimos gracias en la familia? Es una de las palabras clave de la convivencia. «Por favor», «perdona», «gracias»: si en una familia se dicen estas tres palabras, la familia va adelante. «Por favor», «perdona», «gracias». ¿Cuántas veces decimos «gracias» en la familia? ¿Cuántas veces damos las gracias a quien nos ayuda, se acerca a nosotros, nos acompaña en la vida? Muchas veces damos todo por descontado. Y así hacemos también con Dios. Es fácil ir al Señor a pedirle algo, pero ir a darle gracias... ¡Ah!, no se me ocurre.
Continuemos la Eucaristía invocando la intercesión de María para que nos ayude a dejarnos sorprender por Dios sin oponer resistencia, a ser hijos fieles cada día, a alabarlo y darle gracias porque él es nuestra fuerza. Amén.

ACTO DE CONSAGRACIÓN A MARÍA