martes, 29 de octubre de 2013

“Todo se ha cumplido” (Jn 19,30)

Queridas hermanas:

Por fin nuestra hermana Sor Asunción, ha  terminado la etapa de su vía Crucis.  Se ha cumplido exactamente, hasta en los menores detalles. Ha respondido  Jesús a su Hora tan ansiada, con Él, en Él ha consumado la ofrenda de su vida manifestando su amor a Dios y a los hermanos.

Ahora la recordaremos en el servicio de la obediencia día a día, en el misterio de su enfermedad, en la angustia humana de su último respiro gritando: “Dios mío, Dios mío ¡¿Por qué me has abandona?” (Salmo 21).
Desde este silencio sepulcral ahora ya contempla por fin a Jesús, al único Dios, a quien amó  por entero.

Damos gracias a Dios por su vida que vivió entregada al servicio de la Iglesia y nos deja el testimonio valiente de su fe en tiempo difíciles en España ¿Seremos capaces nosotras de vivir estos momentos también especiales, con generosa fidelidad hasta las últimas consecuencias?

¿Podremos devolver a  esta sociedad su verdadero rostro religioso, que sepa encontrar la Luz de Dios con pasión evangélica?

Todos los amigos de
 llamadasalalibertadporlaobediencia.blogspot.com.es/                             quieren sentirse muy cerca de vuestra comunidad orando y suplicando la intercesión de esta nueva hermana en el Reino de Dios.

Unidas fraternalmente

MM. Dominicas de Torredonjimeno



domingo, 27 de octubre de 2013

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO, Domingo 27 de octubre de 2013

SANTA MISA DE CLAUSURA  DE LA PEREGRINACIÓN
DE LAS FAMILIAS DEL MUNDO A ROMA EN EL AÑO DE LA FE
Las lecturas de este domingo nos invitan a meditar sobre algunas características fundamentales de la familia cristiana.

1. La primera: La familia que ora. El texto del Evangelio pone en evidencia dos modos de orar, uno falso – el del fariseo – y el otro auténtico – el del publicano. El fariseo encarna una actitud que no manifiesta la acción de gracias a Dios por sus beneficios y su misericordia, sino más bien la satisfacción de sí. El fariseo se siente justo, se siente en orden, se pavonea de esto y juzga a los demás desde lo alto de su pedestal. El publicano, por el contrario, no utiliza muchas palabras. Su oración es humilde, sobria, imbuida por la conciencia de su propia indignidad, de su propia miseria: este hombre en verdad se reconoce necesitado del perdón de Dios, de la misericordia de Dios.
La del publicano es la oración del pobre, es la oración que agrada a Dios que, como dice la primera Lectura, «sube hasta las nubes» (Si 35,16), mientras que la del fariseo está marcada por el peso de la vanidad.
A la luz de está Palabra, quisiera preguntarles a ustedes, queridas familias: ¿Rezan alguna vez en familia? Algunos sí, lo sé. Pero muchos me dicen: pero ¿Cómo se hace? Se hace como el publicano, es claro: humilde, delante de Dios. Cada uno con humildad se deja ver del Señor y le pide su bondad, que venga a nosotros. Pero, en familia, ¿Cómo se hace? Porque parece que la oración sea algo personal, y además nunca se encuentra el momento oportuno, tranquilo, en familia… Sí, es verdad, pero es también cuestión de humildad, de reconocer que tenemos necesidad de Dios, como el publicano. Y todas las familias, tenemos necesidad de Dios: todos, todos. Necesidad de su ayuda, de su fuerza, de su bendición, de su misericordia, de su perdón. Y se requiere sencillez. Para rezar en familia se necesita sencillez. Rezar juntos el “Padrenuestro”, alrededor de la mesa, no es algo singular: es fácil. Y rezar juntos el Rosario, en familia, es muy bello, da mucha fuerza. Y rezar aun el uno por el otro: el marido por la esposa, la esposa por el marido, los dos por los hijos, los hijos por los padres, por los abuelos… Rezar el uno por el otro. Esto es rezar en familia, y esto hace fuerte la familia: la oración.

2. La segunda Lectura nos sugiere otro aspecto: la familia conserva la fe. El apóstol Pablo, al final de su vida, hace un balance fundamental, y dice: «He conservado la fe» (2 Tm 4,7) ¿Cómo la conservó? No en una caja fuerte. No la escondió bajo tierra, como aquel siervo un poco perezoso. San Pablo compara su vida con una batalla y con una carrera. Ha conservado la fe porque no se ha limitado a defenderla, sino que la ha anunciado, irradiado, la ha llevado lejos. Se ha opuesto decididamente a quienes querían conservar, «embalsamar» el mensaje de Cristo dentro de los confines de Palestina. Por esto ha hecho opciones valientes, ha ido a territorios hostiles, he aceptado el reto de los alejados, de culturas diversas, ha hablado francamente, sin miedo. San Pablo ha conservado la fe porque, así como la había recibido, la ha dado, yendo a las periferias, sin atrincherarse en actitudes defensivas.
También aquí, podemos preguntar: ¿De qué manera, en familia, conservamos nosotros la fe? ¿La tenemos para nosotros, en nuestra familia, como un bien privado, como una cuenta bancaria, o sabemos compartirla con el testimonio, con la acogida, con la apertura hacia los demás? Todos sabemos que las familias, especialmente las más jóvenes, van con frecuencia «a la carrera», muy ocupadas; pero ¿han pensado alguna vez que esta «carrera» puede ser también la carrera de la fe? Las familias cristianas son familias misioneras. Ayer escuchamos, aquí en la plaza, el testimonio de familias misioneras. Son misioneras también en la vida de cada día, haciendo las cosas de todos los días, poniendo en todo la sal y la levadura de la fe. Conservar la fe en familia y poner la sal y la levadura de la fe en las cosas de todos los días.

3. Y un último aspecto encontramos de la Palabra de Dios: la familia que vive la alegría. En el Salmo responsorial se encuentra esta expresión: «Los humildes lo escuchen y se alegren» (33,3). Todo este Salmo es un himno al Señor, fuente de alegría y de paz. Y ¿cuál es el motivo de esta alegría? Es éste: El Señor está cerca, escucha el grito de los humildes y los libra del mal. Lo escribía también San Pablo: «Alegraos siempre… el Señor está cerca» (Flp 4,4-5). Me gustaría hacer una pregunta hoy. Pero que cada uno la lleve en el corazón a su casa, eh! Como una tarea a realizar. Y responda solo: ¿Hay alegría en tu casa? ¿Hay alegría en tu familia? Den ustedes la respuesta.
Queridas familias, ustedes lo saben bien: la verdadera alegría que se disfruta en familia no es algo superficial, no viene de las cosas, de las circunstancias favorables… la verdadera alegría viene de la armonía profunda entre las personas, que todos experimentan en su corazón y que nos hace sentir la belleza de estar juntos, de sostenerse mutuamente el camino de la vida. A la base de este sentimiento de alegría profunda está la presencia de Dios, la presencia de Dios en la familia, está su amor acogedor, misericordioso, respetuoso hacia todos. Y sobre todo, un amor paciente: la paciencia es una virtud de Dios y nos enseña, en familia, a tener este amor paciente, el uno por el otro. Tener paciencia entre nosotros. Amor paciente. Sólo Dios sabe crear la armonía de las diferencias. Si falta el amor de Dios, también la familia pierde la armonía, prevalecen los individualismos, y se apaga la alegría. Por el contrario, la familia que vive la alegría de la fe la comunica espontáneamente, es sal de la tierra y luz del mundo, es levadura para toda la sociedad.

Queridas familias, vivan siempre con fe y simplicidad, como la Sagrada Familia de Nazaret. ¡La alegría y la paz del Señor esté siempre con ustedes!.

sábado, 26 de octubre de 2013

HA RESUCITADO


        LES INFORMAMOS QUE HA FALLECIDO

NUESTRA HERMANA SOR MARÍA ASUNCIÓN TORRALBA FERNÁNDEZ DE GAMBOA, DOMINICA CONTEMPLATIVA
En el Convento de Santa Cruz
Vitoria-Gasteiz

A LOS 90 AÑOS DE EDAD y 56 AÑOS DE VIDA RELIGIOSA

EL FUNERAL Y EXHUMACIÓN SERÁ EL DÍA 26 DE OCTUBRE A LAS 
12 DEL MEDIODÍA
en nuestra Iglesia conventual, en Pintorería, 96,  que se abrirá por este motivo para todos los que quieran acompañarnos.

“Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Ellos no son del mundo, como Yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: Tu palabra es Verdad.”(Jn, 17,13a 16s)

miércoles, 23 de octubre de 2013

AUDIENCIA GENERAL Miércoles 23 de octubre de 2013


Plaza de San Pedro
Queridos hermanos y hermanas:
En la catequesis de hoy, y siguiendo el Concilio Vaticano II, quiero reflexionar sobre María como modelo «de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la unión perfecta con Cristo».

Ella es modelo de fe, no sólo porque como hebrea esperaba al redentor, y con su sí se adhiere al proyecto de Dios, sino porque desde ese momento su vida se centra en Jesús. 

Además lo hace desde la cotidianeidad de una mujer humilde que, sin embargo, vive inmersa en el misterio, y su sí, ya perfecto desde el inicio, crece hasta la cruz, en la que su maternidad abraza a todos. Y es modelo de caridad, como vemos en la Visitación, pues ella no sólo  ayuda a su prima, sino que le lleva a Cristo, la perfecta alegría que viene del Espíritu y se manifiesta en un amor oblativo. Es modelo también de unión con Cristo, sea en su tarea cotidiana, sea en el camino de la cruz, hasta unirse a Él en el martirio del corazón.
Y ahora preguntémonos: ¿cómo nos interpela la figura de María? ¿la vemos lejana? ¿acudimos a ella en la prueba? ¿somos capaces, como ella, de amar dándonos totalmente? ¿nos sentimos unidos a Jesús, según su ejemplo, en una relación constante o sólo nos acordamos de Él en la necesidad?

Saludos
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Argentina, Costa Rica, México, Panamá, Venezuela, Paraguay, Chile y los demás países latinoamericanos. Invito a todos a pedir al Señor su gracia, de modo que amemos cada vez más a María, Madre de la Iglesia. Gracias.

martes, 22 de octubre de 2013

Los 100 metros de la fe

El Vaticano acogió el domingo una prueba atlética, los 100 metros de carrera y fe. La iniciativa, organizada por el Pontificio Consejo de la Cultura y el Centro Deportivo Italiano, pretendía subrayar importancia del deporte como bien cultural, educativo y espiritual y llamar la atención de los diversos componentes del mundo católico sobre el papel formativo que puede asumir el deporte en la catequesis cristiana.

Este domingo, la Vía de la Conciliación y la Plaza de San Pedro se convirtieron en una inesperada pista de atletismo en la que se corrieron los 100 metros de carrera y de fe. El evento, organizado por el Pontificio Consejo de la Cultura y el Centro Deportivo Italiano y enmarcado dentro del Año de la fe, contó con la presencia de numerosas familias, seminaristas, escolares y peregrinos que, antes del tradicional rezo del Ángelus, disputaron la prueba atlética intercambiándose el testigo.

La iniciativa está basada, según reconoció el Pontificio Consejo de la Cultura en un comunicado, en la Carta a los Corintios de San Pablo donde se describe «una carrera ideal en la que la fe se pasa de generación en generación y el cristiano compite para conquistar una corona incorruptible», reconoce el PCC. Otro objetivo que se ha pretendido subrayar es la importancia del deporte como bien cultural, educativo y espiritual y llamar la atención de los diversos componentes del mundo católico sobre el papel formativo que puede asumir el deporte en la catequesis cristiana.

La carrera
Cada participante recorrió una distancia de 100 metros, comenzando en la Vía de la Conciliación y terminando en la Plaza de San Pedro, justo enfrente del Vaticano.
En la Vía de la Conciliación se instaló una pista de cuatro calles de 100 metros de longitud. En la Plaza de San Pedro, un palco saludaba a los participantes y animaba el encuentro con entrevistas, documentales y lectura de textos sobre el deporte. La llama olímpica quedó encendida al lado del palco durante todo el evento.

Los 100 metros de carrera y fe reunió a unas 5.000 personas que se fueron alternando durante tres horas, desde las 8:30 hasta las 12:00 llevando, como explicó el Pontificio Consejo para la Cultura, «un mensaje de fe y esperanza». Entre los participantes se encontraba la jugadora de tenis Mary Santangelo; el ex atleta británico, Jason Gardener -Medalla de Oro de relevos en las Olimpiadas de Atenas 2004-; el corredor Ulderico Lambertucci; y Andrea Bartalo, hijo del mítico ciclista Gino Bartali, ganador de tres Giros de Italia y dos Tours de Francia.

Este lunes 21 sigue el encuentro entre deporte y fe con el seminario Creyentes en el mundo del deporte, que analizará las relaciones entre deporte y fe y en el que participan distintos deportistas de élite y responsables de las asociaciones deportivas católicas.


lunes, 21 de octubre de 2013

ANGELUS DEL SANTO PADRE FRANCISCO


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!,
en el Evangelio de hoy Jesús cuenta una parábola sobre la necesidad de rezar siempre, sin cansarse. La protagonista es una viuda que, a fuerza de suplicar a un juez deshonesto, consigue que él la haga justicia. Y Jesús concluye: si la viuda consiguió convencer a aquel juez, ¿queréis que Dios no nos escuche, si lo rezamos con insistencia? La expresión de Jesús es muy fuerte: "Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar? (Lc 18, 7)

"Gritar día y noche" ¡hacia Dios! Nos toca esta imagen de la oración. Pero preguntémonos: ¿por qué Dios quiere esto? ¿Él no conoce ya nuestras necesidades? ¿Qué sentido tiene "insistir" con Dios?

Esta es una buena pregunta, que nos hace profundizar en un aspecto muy importante de la fe: Dios nos invita a rezar con insistencia no porque no sabe qué necesitamos, o porque no nos escucha. Al contrario, Él escucha siempre y conoce todo de nosotros, con amor. En nuestro camino cotidiano, especialmente en las dificultades, en la lucha contra el mal fuera y dentro de nosotros, el Señor no está lejos, está a nuestro lado; nosotros luchamos con Él al lado, y nuestra arma es precisamente la oración, que nos hace sentir su presencia junto a nosotros, su misericordia y también su ayuda. Pero la lucha contra el mal es dura y larga, requiere paciencia y resistencia - como Moisés, que debía tener los brazos alzados para hacer vencer a su pueblo (cfr Ex 17, 8-13) Y así: hay una lucha que llevar adelante cada día; pero Dios es nuestro aliado, la fe en Él es nuestra fuerza y la oración es la expresión de esta fe. Por eso Jesús nos asegura la victoria, pero nos pregunta: "Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?" (Lc 18, 8) Si se apaga la fe, se apaga la oración y nosotros caminamos en la oscuridad, nos perdemos en el camino de la vida.

Aprendamos por tanto de la viuda del Evangelio a rezar siempre, sin cansarnos. Era buena esta viuda, sabía luchar por sus hijos, y pienso en tantas mujeres que luchan por su familia, que rezan, que no se cansan nunca. Un recuerdo hoy todos nosotros a estas mujeres que con su actitud nos dan un verdadero testimonio de bien, de valentía, de poder de la oración. Un recuerdo a ellas. Luchar, rezar siempre ¡Pero no para convencer al Señor a fuerza de palabras! ¡Él sabe mejor que nosotros qué necesitamos! Más bien la oración perseverante es expresión de la fe en un Dios que nos llama a combatir con Él, cada día, en cada momento, para vencer al mal con el bien.

Después de la oración del Ángelus, el santo padre ha dirigido a los presentes estas palabras:

¡Queridos hermanos y hermanas!

Hoy celebramos la Jornada Mundial Misionera. ¿Cuál es la misión de la Iglesia?. Difundir en el mundo la llama de la fe, que Jesús ha encendido en el mundo: la fe en Dios que es Padre, Amor, Misericordia. El método de la misión cristiana no es el proselitismo, sino el de la llama compartida que calienta el alma. Doy gracias a todos los que con la oración y la ayuda concreta apoyan la obra misionera, en particular la preocupación del obispo de Roma para la difusión del Evangelio. En esta Jornada estamos cerca a todos los misioneros y las misioneras, que trabajan mucho sin hacer ruido y dan la vida. Como la italiana Afra Martinelli, que ha trabajado  durante mucho años en Nigeria: hace algunos días fue asesinada, por robo; todos han llorado, cristianos y musulmanes. La querían mucho. Ella ha anunciado el Evangelio con la vida, con la obra que ha realizado, un centro de instrucción; así ha difundido la llama de la fe, ¡ha combatido la buena batalla! Pensemos en esta hermana nuestra y le saludamos con un aplauso, todos.

Pienso también en Stefano Sándor, que ayer fue proclamado beato en Budapest. Era un salesiano laico, ejemplar en el servicio a los jóvenes, en el oratorio y en la instrucción profesional. Cuando el régimen comunista cerró todas las obras católicas, afrontó las persecuciones con valentía, y fue asesinado a los 39 años. Nos unimos a la acción de gracias de la Familia salesiana y de la iglesia húngara.

Deseo expresar mi cercanía a la población de Filipinas afectada por un fuerte terremoto, y os invito a reza por esa querida nació, que recientemente ha sufrido distintas calamidades. Saludo con afecto a todos los peregrinos presentes, comenzando por los jóvenes que dan dado vida  a la manifestación "100 metros de carrera y de fe, promovida por el Consejo Pontificio de la Cultura. ¡Gracias, porque nos recordáis que el creyente es un atleta del espíritu! ¡Muchas gracias!

Acojo con alegría a los fieles de la diócesis de Bologna y de Cesena-Sarsina, guiados por el cardenal Caffarra y del obispo Regattieri; como también a los de Corrientes de Argentina y de Maracaibo y Barinas de Venezuela. Hoy en Argentina se celebra el día de la madre. Dirijo un saludos a las madres de mi tierra.
Saludo al grupo de oración "Raio de Luz", de Brasil; y las Fraternidades de la Orden Secular Trinitaria.
Las parroquias y  las asociaciones italianas son muchas, no puedo nombrarlas, ¡pero saludo y doy las gracias a todos con afecto!

¡Feliz domingo! ¡Hasta pronto! ¡Buen provecho!

domingo, 20 de octubre de 2013

“Solo soy un instrumento de Dios para servir a los demás”


Más de 2.000 mujeres y niñas que han vuelto del infierno de una vida de esclavitud con la temida guerrilla ugandesa del LRA, en el noreste del Congo, han encontrado acogida, cuidados psicológicos y formación gracias a la hermana Angélique Namaika, perteneciente a una congregación agustina de la Diócesis de Dungu. El 30 de septiembre, esta religiosa de 46 años recibió el Premio Nansen, un galardón con el que el ACNUR (la agencia de la ONU para los refugiados) premia a alguna personalidad que se ha distinguido por su labor en favor de las víctimas de los conflictos armados.

Hablamos por teléfono mientras ella se encuentra en París, la última etapa de su gira europea que la ha llevado a Ginebra, Bruselas y Roma, donde se ha encontrado con un sinfín de personalidades públicas, incluido al papa Francisco, para que la comunidad internacional no se olvide de este conflicto al que otras crisis mundiales que gozan de mayor publicidad hacen sombra.

PREGUNTA.- La violencia del LRA tiene una historia de más de dos décadas y, en el Congo, llevan ya desde 2005. ¿Qué habría que hacer para terminar con este problema?

RESPUESTA.- Creo que es cuestión de que cada persona que puede hacer algo intente hacer lo mejor que pueda su trabajo, a pesar de las dificultades. Si todos nos damos a los demás y trabajamos por la paz, estoy convencida de que esta llegará. Yo pongo mi pequeña parte, que es animar y ayudar a las mujeres que son víctimas de esta situación para que tengan la fuerza de voluntad para superar sus problemas, y otros pueden ofrecer otras aportaciones. Nosotras ya hemos conseguido rehabilitar a 2.000 de ellas.

P.- ¿Cuál fue su reacción cuando le comunicaron que le iban a dar el Premio Nansen?

R.- Fue una enorme sorpresa. Ni siquiera había oído hablar nunca de ese galardón. Cuando me lo dijeron, lo primero que pensé es que aún tengo un enorme trabajo enfrente de mí y que solo puedo hacerlo gracias al Señor que me da la fuerza, porque la verdad es que muchas veces me he encontrado muy sola. Pensé también en las mujeres víctimas del LRA con las que me encuentro todos los días, a las que siempre digo que recen para que Dios les ayude a reconstruir sus vidas. Yo no soy importante, soy solo un instrumento de Dios para servir a los demás, y pienso que este premio no es para mí, sino para las mujeres del Congo que han sufrido tanto y que luchan por salir adelante.

P.- ¿Qué piensa del papel de la mujer en la Iglesia?

R.- A las mujeres Dios nos ha dado una responsabilidad muy grande: la de ser portadoras de vida y acompañar esa vida, aunque sea frágil, hasta el fin. A mí, en Dungu, me llaman “madre”, y me gusta que me llamen así. Las mujeres en la Iglesia tenemos que estar al lado de quienes sufren más, y si lo hacemos por amor, Dios no nos abandonará. Yo cuando hago mi trabajo no espero nada a cambio.